Te observo sin ser capaz de mirarte. Tu silencio es tan ruidoso en mis oídos. Y si te escondes, tu sombra me busca. Imagino tu sonrisa y tus ojos contemplando horizontes que existen sólo en tu mente. Me asomo a tu alma, con el respeto de quién contempla una obra de arte. Me es suficiente saber que existes, y gozar de tu presencia discreta, entre la multitud inconsciente de lo inmenso que eres. Estás despierto. Y resplandeces de una belleza invisible a los ojos, pero que ilumina el corazón (E. Bosco)
Pseudogenerosidad
(…) Dentro del contexto o escenario social en el que vivimos, con predominancia obscena al consumo frenético, existe un nuevo estandarte que sobresale por encima del resto, y que a modo de valor, se ha insertado en nuestra sociedad como referente de comportamiento, con cada vez más adeptos; el individualismo. La ética de la generosidad y de la cooperación que aprendimos todos en el colegio a temprana edad, y que también nos enseñaron nuestros padres y abuelos como un valor esencial de las relaciones humanas, ha quedado discriminado por la doctrina narcisista del amor a uno mismo. Este patrón de comportamiento, o filosofía de vida, se resume en un fundamento que hace apología explícita al “todo para mí, nada para los demás”. Viktor Frankl, célebre escritor austriaco, decía en su best seller “el hombre en busca de sentido” que al hombre se le pueden arrebatar muchas cosas excepto una (…) (Arturo Fuente) Pronto tendréis el artículo completo.
