Al suscribirte, estás creando un puente entre tu mundo y el mío. Antes de que lo hagas, me gustaría advertirte de varias cosas. Escribo por necesidad. Tengo un acentuado pensamiento crítico. Me fascina la inteligencia cuando va acompañada de bondad. Sé discernir por mí mismo. No necesito de ningún gurú para salvarme. No acostumbro a comprar verdades de otros. Menos todavía cuando han sido creadas artificialmente en despachos y oficinas. Detesto la verdad capitalizada. Creo en el alma humana. Me gusta la belleza. Me desagrada la estupidez. Repudio a la poderosa industria del miedo. Sigo siempre al corazón. No me gustan los dogmas. Me encanta la reflexión y el conocimiento. Me gustan las personas auténticas.
Pseudogenerosidad
(…) Dentro del contexto o escenario social en el que vivimos, con predominancia obscena al consumo frenético, existe un nuevo estandarte que sobresale por encima del resto, y que a modo de valor, se ha insertado en nuestra sociedad como referente de comportamiento, con cada vez más adeptos; el individualismo. La ética de la generosidad y de la cooperación que aprendimos todos en el colegio a temprana edad, y que también nos enseñaron nuestros padres y abuelos como un valor esencial de las relaciones humanas, ha quedado discriminado por la doctrina narcisista del amor a uno mismo. Este patrón de comportamiento, o filosofía de vida, se resume en un fundamento que hace apología explícita al “todo para mí, nada para los demás”. Viktor Frankl, célebre escritor austriaco, decía en su best seller “el hombre en busca de sentido” que al hombre se le pueden arrebatar muchas cosas excepto una (…) (Arturo Fuente) Pronto tendréis el artículo completo.
