¿Vacunas? Si, pero contra la estupidez y el miedo

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Es de una evidencia palmaria, el gran ridículo que están haciendo las farmacéuticas durante toda esta llamada pandemia. Las primeras vacunas, si es que se puede llamar asi a algo que se ha hecho en menos de un año y que exime de toda responsabilidad legal a quienes la comercializan, dejaron pronto de ser útiles. Nuestras queridas farmacéuticas entonces, junto con algunos gobiernos, nos propusieron afanadamente una segunda dosis. Luego llegaría la tercera. Y barrunto que pronto llegarán muchas más. Y mientras unos pocos se están forrando a base de bien, otros han perdido el trabajo, han tenido que cerrar negocios, han perdido derechos y libertades fundamentales, y han sido víctimas de depresión, ansiedad, y otras enfermedades mentales que poco importan al estado, y que de manera silenciosa representan la verdadera pandemia del siglo veintiuno.

Según recientes datos del Instituto Nacional de Estadística, en nuestro país, en el año dos mil veinte, han fallecido por covid19 (virus identificado), seiscientas sesenta y tres personas en un rango de edad de 0-49 años (0,001% de la población). Repito, 663 personas. En nuestro país se quitan la vida cinco mil personas aproximadamente todos los años (muchas de esas personas son adolescentes). Repito 5.000 personas. Pero esto no parece importarle a nadie. Es obvio que el interés por la vida fluctua en base a extraños criterios e intereses que nada tienen que ver con el amor a la vida.

Paradójicamente a lo que nos habían dicho, ni las restricciones, ni las vacunas, ni las mascarillas, están evitando que sigamos practicamente igual que como cuando empezamos. Bueno, si hay algunas diferencias imporantes; tenemos menos dinero, menos derechos, y menos libertades. La muerte cabe recordar que es inherente al ser humano. No somos eternos, y siempre se ha muerto gente por diferentes motivos, y no por ello hemos dejado de trabajar, montar en coche o en bici, hacer deporte, pasear, quedar con familiares o amigos, o respirar con normalidad (sin tapabocas). El miedo es una emoción que, según expertos en la materia, debe ser pasajera, porque cuando no es así y permanece durante largos periodos de tiempo en el cuerpo, se sabe que inhibe el sistema inmunológico, además de ser el desencadenante de múltiples enfermedades y trastornos. Como sociedad deberíamos reivindicar una medicina más humana, menos mercantilizada, más holística e integral, pero sobre todo, debemos reivindicar esa palabra tan en desuso llamada alegría, que empodera nuestro sistema inmunológico, pero que lamentablemente las grandes corporaciones de la información se esfuerzan en borrar de nuestro lenguaje. Para algunos, vender miedo es mucho más rentable que vender alegría (reflexión).

Esta medicina politizada y mercantilizada, que ahora viene a salvarnos la vida a todos, les recuerdo que es la misma que, según el Premio Nobel de Medicina Richard J. Roberts, tiene por objetivo la cronificación de enfermedades, puesto que, según palabras del propio Roberts, curarlas no es rentable para la industria de la salud. La medicina debería tratar a las personas de manera holística e integral, entendiendo y estudiando el entorno familiar y social de los pacientes, puesto que en la mayoría de los casos la enfermedad tiene componentes psicoemocionales e inconscientes, y se desarrolla dentro de un contexto familiar y social determinado, que de alguna manera hiere o percute negativamente sobre la salud del enfermo. Pero lamentablmente, a la medicina tradicional todo esto le da igual porque realmente lo que le importa es crear un escenario rentable que confronte al hombre (bueno), con la enfermedad (mala), y contra sí mismo. Y en este escenario aparecen algunos carroñeros que se presentan como los grandes salvadores de la humanidad, que nunca regalan salvación; la venden! El marketing comercial moderno, se construye sobre valores que fragmentan, separan y dividen a las personas. El miedo es una de las emociones más rentables para ciertas industrias. Cuando hay miedo, no hay amor, cuando no hay amor, hay guerra. Las guerras por ejemplo, comercialmente hablando, son una de las mayores fuentes de ingresos para las grandes multinacionales armamentísticas y farmacéuticas (entre otras). A partir de aquí es muy fácil llegar a ciertas conclusiones lógicas.

Os invito a cuestionar las creencias sociales establecidas, a dudar de esas verdades absolutas que nos venden todos los días, y que en la mayoría de los casos han sido implantadas a base de talonario. Rehusa de ser parte de este circo del miedo. Aboga por defender tus derechos más fundamentales por los que muchos de tus ancestros lucharon infatigablemente durante décadas, y que ahora unos pocos nos están arrebatando de un plumazo. Nunca olvides que mientras que el miedo te separa, el Amor te une a todo y a todos (Arturo Fuente)

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